martes, 1 de abril de 2014

El ratoncito en el cajón

8.)             El ratoncito en el cajón


En la afueras de un pueblo, vivía una familia corta formada por el papá, la mamá, la hija y la abuela materna, quien había sufrido una parálisis en la mitad de su cuerpo, es decir, había sufrido un derrame cerebral, ya que presentaba los siguientes síntomas:
·       Entumecimiento o debilidad repentinos en el rostro, brazos o piernas (especialmente de un lado del cuerpo).
·       Confusión súbita, dificultad para hablar o entender.
·       Problemas repentinos para ver con uno o ambos ojos.
·       Dificultad repentina para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación de los movimientos.
·       Dolor de cabeza súbito y severo sin causa conocida.
Debido a estos síntomas, a la señora debían ayudarle mucho, tanto para la alimentación como para llevarla a la terapia, y esta ayuda le brindaban sus hijos.
Pasaba el tiempo y al cabo de un año fue recuperando poco a poco su movilidad y cuando ya tenía recuperado un 75% de su inestabilidad se mandó hacer un cajón de madera y en él iba guardando papas, arroz, azúcar, cabezas de ajo, avena, harina de trigo, lentejas, fréjoles, fideos, aceite, leche en polvo, así como también el detergente en polvo, jabón para lavar ropa, jabón de tocador, cloro líquido, sin que los demás se hayan enterado de este cajón y del contenido del mismo.
El padre de familia se daba cuenta que se perdía la leche en polvo para preparar el desayuno a los niños, se perdía el pan, el queso, la mortadela, la mantequilla, arroz, azúcar, etc.
Si se compraba 2 libras de papas, 3 lb de arroz, 2 lb de azúcar y se utilizaba la mitad de cada uno en un día, al siguiente día ya no había la otra mitad, por arte de magia desaparecían.
Pasó un tiempo de haber traído el cajón la abuelita y durante las noches se escuchaba un ruido, algo así como si se rumia unas tablas.
Llegó el fin de semana y la esposa del padre de familia decide hacer una limpieza debajo de las camas, para saber si encontraba algo así como papel picado o trocitos de madera, pero se encontró con el cajón de madera, y dentro del cual se escuchaba que algo se movía y rascaba. Ella le pregunta a su esposo si el cajón era de él, a lo que le contesta con un no.

La abuelita, al darse cuenta que su hija cogió el cajón, se puso histérica y, como no podía hablar bien, no se le entendía lo que quería decir, por lo que su hija le pregunta: “Mamá, ¿Qué es lo que tiene ahí adentro?” El cajón estaba con candado y cuando su mamá abre el candado y levanta la tapa del cajón, ¡Oh Sorpresa! Salió un ratoncito en precipitada carrera y la hija da un grito y un brinco para alejarse del cajón, pues el ratoncito se estaba dando un festín con todos los víveres que estaban dentro del cajón y la familia no pudo disfrutar de lo poco que tenía porque el egoísmo de ella hizo que se perdiera todo lo que había dentro del cajón, ya que el ratoncito también se había hecho sus necesidades.
Reflexiones:
Ø Una enfermedad no te hace inútil.
Ø El egoísmo no ve enfermedades, especialmente las del alma.
 Fin

1 comentario:

  1. A una persona enferma se le perdona todo y la señora pensó guardar para consumirlo cuando ya estuviera mejor. Esta opinión es de una señora de 78 años.

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