8.)
El
ratoncito en el cajón
En la afueras de un
pueblo, vivía una familia corta formada por el papá, la mamá, la hija y la
abuela materna, quien había sufrido una parálisis en la mitad de su cuerpo, es
decir, había sufrido un derrame cerebral, ya que presentaba los siguientes
síntomas:
· Entumecimiento o debilidad repentinos en el rostro,
brazos o piernas (especialmente de un lado del cuerpo).
· Confusión súbita, dificultad para hablar o entender.
· Problemas repentinos para ver con uno o ambos ojos.
· Dificultad repentina para caminar, mareos, pérdida
de equilibrio o coordinación de los movimientos.
· Dolor de cabeza súbito y severo sin causa conocida.
Debido a estos síntomas, a la señora debían ayudarle mucho, tanto para
la alimentación como para llevarla a la terapia, y esta ayuda le brindaban sus
hijos.
Pasaba el tiempo y al cabo de un año fue recuperando poco a poco su
movilidad y cuando ya tenía recuperado un 75% de su inestabilidad se mandó
hacer un cajón de madera y en él iba guardando papas, arroz, azúcar, cabezas de
ajo, avena, harina de trigo, lentejas, fréjoles, fideos, aceite, leche en
polvo, así como también el detergente en polvo, jabón para lavar ropa, jabón de
tocador, cloro líquido, sin que los demás se hayan enterado de este cajón y del
contenido del mismo.
El padre de familia
se daba cuenta que se perdía la leche en polvo para preparar el desayuno a los niños,
se perdía el pan, el queso, la mortadela, la mantequilla, arroz, azúcar, etc.
Si se compraba 2
libras de papas, 3 lb de arroz, 2 lb de azúcar y se utilizaba la mitad de cada
uno en un día, al siguiente día ya no había la otra mitad, por arte de magia
desaparecían.
Pasó un tiempo de
haber traído el cajón la abuelita y durante las noches se escuchaba un ruido,
algo así como si se rumia unas tablas.
Llegó el fin de
semana y la esposa del padre de familia decide hacer una limpieza debajo de las
camas, para saber si encontraba algo así como papel picado o trocitos de
madera, pero se encontró con el cajón de madera, y dentro del cual se escuchaba
que algo se movía y rascaba. Ella le pregunta a su esposo si el cajón era de
él, a lo que le contesta con un no.
La abuelita, al
darse cuenta que su hija cogió el cajón, se puso histérica y, como no podía hablar bien, no se le entendía lo que
quería decir, por lo que su hija le pregunta: “Mamá, ¿Qué es lo que tiene ahí
adentro?” El cajón estaba con
candado y cuando su mamá abre el candado y levanta la tapa del cajón, ¡Oh
Sorpresa! Salió un ratoncito en precipitada carrera y la hija da un
grito y un brinco para alejarse del cajón, pues el ratoncito se estaba dando un
festín con todos los víveres que estaban dentro del cajón y la familia no pudo
disfrutar de lo poco que tenía porque el egoísmo
de ella hizo que se perdiera todo lo que había dentro del cajón, ya que el
ratoncito también se había hecho sus necesidades.
Reflexiones:
Ø Una
enfermedad no te hace inútil.
Ø El egoísmo
no ve enfermedades, especialmente las del alma.
Fin

A una persona enferma se le perdona todo y la señora pensó guardar para consumirlo cuando ya estuviera mejor. Esta opinión es de una señora de 78 años.
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