7.)
Los
víveres guardados
Era
una familia de pocos recursos económicos, pues el padre de familia se había
quedado sin trabajo y recibía la ayuda económica por parte de sus hermanos,
hermanas y de su mamá. Con esta ayuda económica que recibía, este padre de
familia veía la forma de economizar, comprando los víveres para tres o cuatro
días, pero no duraba esos días, porque en el segundo día ya se había terminado
todo, no quedaba nada ni en la cocina, ni en la refrigeradora, ni en la
legumbrera.
Esta
familia estaba conformada por el papá, la mamá, la hija y la abuela materna.
Los
fines de semana, la abuela tenía la costumbre de ir a visitar a una de sus
otras hijas y dejaba con candado, tanto su ropero como un cajón de madera de
60x40x30 cm., colocado bajo su cama.
Pero
un fin de semana, cuando la abuela salió, el padre de familia decide, con su
esposa, hacer la limpieza de la casa y cuando se disponía a limpiar debajo de
la cama de la abuela, se toca con el cajón de madera, que está bien pesado, lo
saca para continuar con la limpieza y ¡Oh Sorpresa!, el candado no había
sido cerrado, estaba abierto. Entonces, llama a su esposa, quien estaba
barriendo la sala y el comedor, y al llegar al dormitorio le reclama
airadamente diciéndole: “¿Por qué has abierto el cajón de mi mamá? ¡Sabes
que se debe respetar las cosas de los demás!” (1)

El
esposo, un tanto sorprendido ante tal reacción de su esposa, le dice con calma
que el candado no estaba cerrado sino abierto y decide abrir el cajón y ¡Oh
Sorpresa! (la segunda), el cajón está tan pesado como lleno de víveres
de: arroz, azúcar, aceite, papas, cebolla colorada, pimientos, tomates, funda
de quaker (colada), cabezas de ajo, lentejas, fréjol, funda de harina de trigo,
funda de leche en polvo, sal, fundas de fideo cabello, fideo lacitos, queso
envuelto en fundas plásticas. Además, había: barra de jabón de lavar ropa,
jabón de tocador, jabón de lavar platos y ollas, detergente en polvo, pasta
dental, carteritas viejas con cabezas de ajo, trapos sucios y malolientes,
clavos oxidados, aretes y pulseras incompletas, relojes muñequeras dañadas,
frasco con café instantáneo, una cinta métrica metálica casi oxidada, cabos,
alambres, destornillador, alicate, tijeras, rollitos de caucho.
A
la esposa se le quitó el habla, se quedó momentáneamente muda, estupefacta, al
ver tantas cosas guardadas. Además, continuando con la limpieza del dormitorio,
la esposa encontró encima del ropero de la abuela, lo siguiente: huevos
envueltos en papel, ramas de cebolla blanca, panes duros, mantequilla envuelta
en plástico, plátano verde, papas. Y en cesto de ropa sucia había: naranjas
dañadas, tomates, pimientos, yuca, fundas de arroz, todo esto en estado de
descomposición.
La
esposa iba a botar todo esto a la basura, pero el esposo le dijo que no lo
haga, sino que lo deje separado en la mesa de la cocina y cuando llegue su mamá
le diga que por favor no deje
guardado los víveres porque se dañan, se desperdician.(2)
Así
lo hizo y cuando llegó la abuela y vio que todas estas cosas estaban sobre la
mesa, incluso el cajón de madera, se
enojó y dijo: “No me revisen nada, no
me muevan nada y no me limpien nada. ¡Dejen mis cosas tal como están, no sean
unos entrometidos!
Reflexiones:
(1)
Si vas a criticar, primero
dialoga e infórmate.
(2)
Si no vas a comer, deja
que otras si coman.
Fin