jueves, 27 de marzo de 2014

Poema al Día de la Mujer

Poema al Día de la Mujer

Dios formó a la mujer, ayuda
Idónea para el hombre, y
A ambos, en unión, los bendijo.

Eres mujer, el complemento ideal
Sobre la faz de la Tierra,
Para formar un hogar, y
En alabanzas dar gracias al Padre Celestial.
Con tus hermosas cualidades
Inmersas en tu ser,
Acoges en tu regazo
La descendencia de otro ser.

Demuestras valentía
En todas tus adversidades.

Las batallas de cada día
Absorbes sin importar tus edades.


Mujeres del mundo entero
Unidas en un solo corazón,
Juntas harán algo certero:
Enlazar en el cielo, con la oración,
Ramos de amor, ternura y compasión.

Diez bolívares de magia


6.)               Diez bolívares de magia

Era un día sábado del mes de Octubre del año 1.934, en que la mamá, con sus dos hijos, se disponía a comprar pescado, al vecino Vicente, quien pasaba por la casa, vendiéndolos.
Mientras esperaban al pescador, la mamá dejó entre abierto el cajón izquierdo del ropero, con un billete de diez bolívares en su interior, pues, lo había sacado dentro de un cofre, que también estaba dentro del cajón.


Para ganar tiempo hasta que pase el pescador, la mamá sale al patio a preparar la ropa para lavarla. Mientras tanto, la abuelita materna, sale del baño y se dirige a la sala, en donde hay una hamaca, pasando junto al ropero.
El papá de los niños está en el dormitorio, vistiéndose para salir a comprar el pan, queso, mortadela, huevos, mantequilla, naranjas y guineos, para el desayuno.
Cuando a lo lejos, se escucha la voz del vendedor y la mamá, del patio, se dirige a la sala para llamarlo, pero se da cuenta que el billete de diez bolívares desapareció, no están dentro del cajón. Entonces, ella entra al dormitorio y pregunta a su esposo si acaso cogió el billete que estaba en el cajón izquierdo, para comprar el pan, a lo que él le dice que no. Él le dice a su esposa que le pregunte a su mamá, porque ella salió del baño y pasó por ahí. La esposa, un tanto incrédula, le dice que ella no pudo haber cogido el billete, ya que estaba dentro del cajón.
Cuando el esposo se disponía  a preguntarle a su suegra, ella salió de la casa y se fue donde una de las vecinas. En ese momento, el esposo le dice a su esposa que su mamá salió donde una vecina y el cajón derecho del ropero, que lo usa la suegra, estaba con el candado abierto. La esposa, un poco temerosa, saca el candado, abre el cajón y ¡Oh Sorpresa!, encuentra el billete de diez. Dubitativamente, ella no sabe si coger o no el billete, a lo que el esposo le dice que lo coja no más, a ver si le reclama la mamá.
Pasaron los minutos, horas y días y la suegra no reclamó ni por el billete ni por el candado que estaba abierto, pues era obvio que no podía reclamar por el billete, pues no era de ella y tampoco tenía derecho a reclamar.
Sólo queda una interrogante: ¿Acaso el esposo se dio tiempo para cambiar el billete de lugar y de ese modo incomodar a su esposa?
  Fin

El Monedero Incompleto

5.)               El monedero incompleto


Había una vez una abuelita que todas las noches dormía con el monedero bajo las almohadas y durante todo el día la cargaba en el bolsillo izquierdo de su pantalón o falda.
Tenía una hamaca, en la cual descansaba durante el día y cuando se levantaba para ir a la cocina, al dormitorio, al patio o al baño, siempre se le quedaba el monedero en la hamaca. Al percatarse que no estaba en su bolsillo, regresaba apresuradamente y, mirando hacia el piso en el trayecto hasta llegar a la hamaca, a ver si lo encontraba en el camino, pero siempre lo hallaba en la hamaca.
La abuelita convivía con un nieto, una nieta, una de sus hijas y su hijo político (yerno). A todos ellos, algún dinero se les perdía, menos a la abuelita, a tal punto que siempre encontraba su monedero en la hamaca y cada vez con más dinero, por arte de magia.
Hasta que una tarde, siendo las 18:35, estaban todos en casa y la abuelita, quien estaba en la hamaca, se va al baño y en el trayecto se le cae el monedero. Cuando sale del baño, se da cuenta que no tiene en su bolsillo el monedero y se dirige apresuradamente hacia la hamaca, confiada en que podría estar ahí, pero, ¡Oh Sorpresa!, ahora, por arte de magia, se le desapareció el monedero.
La abuelita se puso a buscar debajo de los muebles, sacudió tres y cuatro veces la hamaca, por si se haya quedado enganchado, buscó bajo las camas, bajo el ropero, dentro del tacho de basura del baño, por si ella misma lo haya tirado por error, detrás de la cocina y refrigeradora, por si lo haya pateado sin darse cuenta, encima del ropero, por si alguien se lo haya dejado ahí, pero nada de nada, no lo encontró y casi se puso a llorar porque decía que uno de sus hijos le había regalado 40 euros, más, lo que ella tenía ahorrado, sumando cerca de 50 euros.
¿Acaso la abuelita iba a llorar, a sabiendas que no todo el dinero que tenía en su monedero era suyo?
¿Acaso la abuelita quería justificar tal cantidad de dinero al decir que uno de sus hijos le “había regalado” 40 euros?
¿Acaso la abuelita estaba arrepentida de lo mal que había hecho, el cogerse el dinero de los demás, y que estaba “pagando” por ese mal proceder?
¿Acaso la abuelita quería llorar porque a lo mejor perdía todo lo que tenía en su monedero?

La respuesta la dará usted, amigo lector, al saber que al siguiente día, con la claridad que nos ilumina el sol, nuevamente se pone a buscar y con escoba en mano, a modo de limpieza, debajo del ropero encuentra el monedero pero incompleto.
  Fin

Poema a Paola Rocío

Poema a Paola Rocío
Dedicado a una enfermera que conocí en una clínica particular.

                        Por una enfermedad
                        Apareciste en mi vida,
                        Ocultar mi edad
                        La paz no hallaría
                        Al acariciarte algún día.

                        Risueña al amanecer
                        Oh!, dulce placer.
                        Cada mirada robada
                        Imagino tenerte abrazada.

                        Olvidarte a ti, al atardecer.

viernes, 21 de marzo de 2014

El Monedero Perdido

El monedero perdido

Había una familia, conformada por el papá, la mamá, la hija, el hijo y la abuela materna, en donde cada semana, algo se perdía.
Se perdía el jabón para lavar la ropa, se perdía el detergente, un vaso, una cuchara, un plato, etc.
Nadie sabía a dónde se iban las cosas, pero la mamá decía que la abuela las regalaba, la abuela decía que el esposo de su hija se guardaba las cosas y el papá decía que la suegra las vendía, es decir, todos se echaban la culpa, cada uno decía que no era culpable y que cada uno decía la verdad.
Hasta que una noche, siendo las 23:00, en donde todos estaban en cama bajo toldo, la abuela le dice a su hija que no encuentra el monedero que lo tenía sobre la cama y que es su marido quien se lo ha cogido. Al principio, la hija no le hizo caso, pero a tanta insistencia, la hija le dice que cómo es posible que su esposo lo vaya a coger si él ya está acostado junto a ella y que a lo mejor ella lo tiene guardado por algún otro lado.

La abuela le dice que el monedero lo tenía junto a ella y que ya no está, que se lo ha cogido su marido. Su hija le dice: ¡Por favor, mamá, deje dormir y mañana lo busca!
Pero la abuela le dice a su hija que le revise a su marido, porque ¡él se lo cogió! Esta era la segunda acusación contra su esposo y decidió prender el foco del dormitorio, mover las sábanas, el colchón, las tablas en donde se asienta el colchón y ¡Oh Sorpresa!, el monedero apareció en el suelo.
Entonces, la hija dice: “Ya vio mamá, y usted acusando a mi esposo.”
Pero el orgullo y la soberbia puede dejarse vencer y ser incapaz de decir un perdón cuando dice: “Es que tu marido lo tiró bajo la cama.”
  Fin

Monedas Recuperadas

Monedas recuperadas

Hace un lustro, había un coleccionista de monedas que las guardaba en dos jarrones, con flores artificiales, envueltas en funda negra. Estas vasijas se las había comprado a la señora Inés, quien era la esposa de uno de los empleados de la empresa, cuando este coleccionista laboraba en otra ciudad.
Este coleccionista las guardaba en dichos jarrones y no en los cajones del escritorio, porque de ahí, poco a poco, desaparecían las monedas, las cuales estaban dentro de un álbum.

El coleccionista, cada semana, revisaba sus monedas y añadía otras nuevas, de acuerdo al año de expedición, hasta que un día se dio cuenta que los floreros no estaban en el lugar acostumbrado, por lo que, se imaginó lo peor, y de inmediato se puso a revisar y cayó en cuenta que le faltaban las monedas.
Preguntó a su familia, esto es: a su esposa, su hija é hijo, si acaso uno de ellos habría cogido “prestado” algunas monedas, a lo que su hija preguntó: ¿Y a dónde las tenía, papito? Su hijo dijo que no sabía ni había visto ninguna moneda y su esposa, un tanto molesta, dijo: ¡Ni sé en dónde tienes guardadas esas monedas! ¡Y a mí, ni me preguntes!
Entonces, esto está más claro que el agua del estero que bordea la ciudad. Sólo faltaba preguntar a un quinto miembro de la familia que convivía con ellos: la abuela materna. Pero ella ya se había ido a dormir temprano, sin dar opción a preguntarle.
Al día siguiente, la abuela materna había salido temprano a comprar, pero ella se había “olvidado” de algo: No le había cerrado el candado al cajón que tenía debajo de su cama, y ¡Oh Sorpresa!, dentro del cajón estaban las dos fundas negras con las monedas de la colección, por lo que el coleccionista recupera las monedas que estaban dentro de los jarrones, envueltas con las fundas negras.
Pasaron los minutos, horas, días y ni un reclamo, de parte de la abuela materna, por la supuesta “desaparición” de las monedas de su cajón.
Era obvio, no podría hacer reclamo alguno de algo que no le pertenece, puesto que, si lo hubiera hecho, estaría admitiendo que ella las habría cogido dentro del florero, porque además, junto a las monedas estaba la lista de esas monedas, escritas con puño y letra del dueño.
Fin

martes, 18 de marzo de 2014

Poema a Sue

               Poema a Sue

        Saliste de la primavera,
        Un día, por vez primera,
        Envuelta en una jardinera.

        Imágenes de dulzura,
        Bailando en tu hermosa espesura,
        Enciendes con tu blancura
        Toda la historia de tu hermosura,
        Haciéndolo completamente con ternura.


Monedas de colección

Monedas de colección
Era un señor, que desde joven, le gustaba coleccionar monedas y billetes de otros países y del propio donde vivía.
En el país sudamericano donde vivía llegó la dolarización por parte del Gobierno y comenzó a coleccionar las monedas de 1, 5, 10, 25 y 50 centavos, de acuerdo al año de emisión de cada moneda. Para eso, las colocaba en un álbum, el cual estaba guardado en uno de los cajones, sin seguridad alguna, del escritorio metálico, color gris.
Este coleccionista sudamericano elaboró una lista de todas las monedas que tenía, de acuerdo al año de expedición, y cuando le llegaba una que no tenía enseguida consultaba la lista y las colocaba en otro bolsillo. Al llegar a casa las guardaba en el álbum, hasta que un día se dio cuenta que el cajón, en donde guardaba su álbum de colección de monedas, estaba semiabierto. Miró el álbum y faltaban algunas monedas. Entonces preguntó a su familia, esto es: a su esposa y a su hija si acaso ellas habrían cogido “prestado” algunas de las monedas del álbum.

La esposa dijo que ni sabía que había un álbum con monedas y su hija le dijo que ella no había cogido nada. Pero en casa de esta pequeña familia sudamericana también convivían con ellos un cuarto miembro: la abuela materna.
Pero si dio el caso que la abuelita había salido a “visitar” a una de sus otras hijas y se quedó tres días, sin dar lugar para que le pregunten nada, ni enterarse de nada.

Fin

lunes, 17 de marzo de 2014

Las Alcancías Vacías

Las Alcancías Vacías
Habían pasado dos meses del inicio de clases en las escuelas, de la región Costa, cuando la profesora Gisela, tutora del Segundo Año Básico, en reunión con los padres de familia les dice que, para festejar o agasajar a los niños y niñas, en las fiestas navideñas, desde ya deben ir ahorrando, por lo menos, un dólar por semana. Para ello, la tutora sugiere que compren una alcancía, en la cual vayan guardando, si no tienen el dólar, el vuelto que les quede, mínimo de 20 centavos.
La maestra había hecho el siguiente cálculo: desde el mes de Julio a Noviembre hay 5 meses y cada mes de 4 semanas, dando un total de 20 semanas y esto a un dólar por semana serían $20,00 por alumno, con los cuales si alcanza para cubrir los gastos navideños.
La representante Alexandra del alumno Manuel le compra una alcancía de yeso, en forma de perrito, y lo lleva a la casa, explicando a la familia el motivo. Alexandra también tiene una hija, mayor que Manuel, y le dice que le gustaría también tener una alcancía y con lo que le daba su papá, también podría ahorrar y comprarse ropa para la Navidad y Fin de Año.
Cada día, cada semana, cada quincena, cada mes, Alexandra, Manuel, Denisse, Enrique, los tíos y tías de Manuel y Denisse, que aportaban sin saberlo, iban guardando cada uno en su alcancía.
Llegó el mes de Agosto y Alexandra se dio cuenta que las alcancías estaban algo pesadas. En el mes de Octubre, ni se diga, pesaban mucho más. Llegó el mes de Noviembre, la tercera semana, cuando Alexandra va a pulsar las alcancías, notó que éstas habían perdido peso, estaban súper livianas. Las ranuras, por donde se meten las monedas, estaban intactas. Pero ¡Oh Sorpresa!, el fondo de las alcancías habían sido perforadas y cubiertas con papel y cinta para disimular que estuvieran intactas.

Las lágrimas de Denisse, Manuel y Alexandra no se hicieron esperar. Salían como las aguas de una cascada que forman un río, buscando un consuelo. Esta familia, como se aprecia, se compone de cuatro miembros: papá, mamá, hija e hijo. Pero también convivía con ellos un quinto miembro: la abuela materna.
El papá se le dice a su esposa que le pregunte a la abuelita de sus hijos el ¿Por qué ha cogido el dinero ahorrado de las dos alcancías? A lo que la esposa, con lágrimas en sus ojos, le dice: "Deje no más, no le voy a decir ni a preguntar nada, todo se lo dejo, adiós." Esta última parte no la comprendió muy bien el esposo, ya que no sabe si la esposa le quiso decir una de estas dos cosas: A) "Que todo se lo deja a Dios." -El Ser Supremo- B) "Que todo se lo deja, adiós." Es decir, afirmando que se lo deja todo a su mamá y al esposo le decía adiós a cualquier pregunta.
Alexandra hace este comentario, el de las alcancías vacías, a su hermana mayor, y dudando de su esposo, de que tal vez él las había cogido, le dijo a su hermana que por eso no le preguntó ni reclamó nada a su mamá (abuelita).
Pero llegó la segunda semana de Diciembre y ¡Oh Sorpresa! (ésta sería la segunda), la abuelita de Manuel le dice a su hija mayor (hermana mayor de Alexandra) que le acompañe a comprar los regalos navideños para todos sus 7 nietos y 5 hijas, y cuando abre la cartera ve bastantes monedas de 1, 5, 10, 25, 50 centavos y de 1 dólar, sumando más de 150 dólares.

Reflexión: Si tienes tantos años de casada y sigues dudando de tu esposo, ¿Por qué lo elegiste a él entre tantos? ¿Será que los otros a quienes conocías te inspiraban demasiada desconfianza y piensas que él te inspiraba menos?