9.)
La
mamadera alcancía
Era una niña de cuatro
años de edad que tenía una “mamadera gigante”, pues más que una mamadera, era
una alcancía, ya que tenía el chupón que no era suave sino rígido y una ranura
en la base de este chupón para ingresar las monedas.
El
papá decidió darle uso a esta alcancía por pedido de su hija bella y cada día le
depositaba alguna moneda. También decide vender hielo en funda y cada venta la
depositaba en la alcancía de su hijita, hasta que, después de dos semanas, las
monedas iban desapareciendo, aunque se vendieran los hielos en funda, las
monedas disminuían.
El papá de la niña,
sin preguntar ni cuestionar a nadie, se las ingenia para ponerle una marca o
seña a la alcancía, permaneciendo así durante tres o cuatro días, pero al cabo
de ese tiempo se encuentra con la novedad que la marca ha sido alterada, rota, movida.
A la primera
persona que el padre de familia pregunta es a su hija, ya que la alcancía era
de ella, porque el papá pensaba que a lo mejor su niña cogía la mamadera para
jugar con las muñecas, con lo cual hacía que se moviera la seña que dejaba
marcada y de algún modo se le caían las monedas y no las recogía. Su pequeña le
decía cariñosamente: “No papito, yo no he cogido la alcancía.”
Esta situación le
preocupó al padre de familia, ya que si no era su hija quien cogía las monedas,
entonces sería una de las dos personas mayores
con las que convivía: su esposa y su suegra. A las dos les pregunta si acaso
ellas vendían los hielos y no depositan las monedas en la alcancía. La esposa le dice que, las fundas de hielo
que ella vende, si deposita los diez centavos por cada venta. En cambio la suegra le dice que ella no sabe nada,
que no vendía nada, que no cogía nada y que no le pregunten nada.
Entonces el padre
de familia decide no dejar las monedas en la alcancía, sino colocar otras
monedas sin valor, como el de las tragamonedas y aquellas que ya no estaban en
circulación o que eran de otros países, para saber si también desaparecían.
Este padre de familia se había equivocado, ya que estas monedas no desaparecían
y más bien encontró unas piedrecitas, granos de maíz y de lentejas.
Además, cuando la
esposa hacía una venta y tendría que entregar el vuelto, se molestaba con su
esposo porque le decía que en la alcancía no había las monedas con las cuales
dar el cambio y que esas monedas que había dejado en la alcancía junto con las
piedrecitas y granos de maíz no servían para ello. A lo que añade: “A mí
no me hagas pasar el tiempo. De ahora en adelante yo no voy a vender nada de
hielo.”
El esposo se quedó
atónito al escuchar que su esposa le diga eso y más sorprendido aun cuando,
desde el dormitorio de la suegra, se escucha una risotada incontenible, como
salido de ultratumba.
Esto hizo que se
truncara el incremento del negocio, que lo tenía pensado este padre de familia,
lo cual era vender helados caseros de chocolate, de vainilla, de leche, de
coco, así como también gelatina, flan y chocobanano, el cual era el guineo
bañado en chocolate, y así poder compartir en algo las ganancias, pero el
negocio no prosperó sino que más bien se cerró para no tener mayores problemas.
Reflexiones:
Ø Si vas
a iniciar un negocio, cuenta con personal de confianza.
Ø Bueno
es mantener el valor y la calma para enfrentar las adversidades.
Fin

Me gusta este cuento y en especial la reflexion!
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