Monedas
recuperadas
Hace
un lustro, había un coleccionista de monedas que las guardaba en dos jarrones,
con flores artificiales, envueltas en funda negra. Estas vasijas se las había
comprado a la señora Inés, quien era la esposa de uno de los empleados de la
empresa, cuando este coleccionista laboraba en otra ciudad.
Este
coleccionista las guardaba en dichos jarrones y no en los cajones del
escritorio, porque de ahí, poco a poco, desaparecían las monedas, las cuales
estaban dentro de un álbum.
El
coleccionista, cada semana, revisaba sus monedas y añadía otras nuevas, de
acuerdo al año de expedición, hasta que un día se dio cuenta que los floreros
no estaban en el lugar acostumbrado, por lo que, se imaginó lo peor, y de
inmediato se puso a revisar y cayó en cuenta que le faltaban las monedas.
Preguntó
a su familia, esto es: a su esposa, su hija é hijo, si acaso uno de ellos habría
cogido “prestado” algunas monedas, a lo que su hija preguntó: ¿Y a dónde las
tenía, papito? Su hijo dijo que
no sabía ni había visto ninguna moneda y su esposa, un tanto molesta, dijo: ¡Ni
sé en dónde tienes guardadas esas monedas! ¡Y a mí, ni me preguntes!
Entonces,
esto está más claro que el agua del estero que bordea la ciudad. Sólo faltaba
preguntar a un quinto miembro de la familia que convivía con ellos: la abuela
materna. Pero ella ya se había ido a dormir temprano, sin dar opción a
preguntarle.
Al
día siguiente, la abuela materna había salido temprano a comprar, pero ella se
había “olvidado” de algo: No le había cerrado el candado al cajón que tenía
debajo de su cama, y ¡Oh Sorpresa!, dentro del cajón
estaban las dos fundas negras con las monedas de la colección, por lo que el coleccionista recupera las monedas que estaban dentro de los jarrones, envueltas con las fundas negras.
Pasaron
los minutos, horas, días y ni un reclamo, de parte de la abuela materna, por la
supuesta “desaparición” de las monedas de su cajón.
Era
obvio, no podría hacer reclamo alguno de algo que no le pertenece, puesto que, si
lo hubiera hecho, estaría admitiendo que ella las habría cogido dentro del
florero, porque además, junto a las monedas estaba la lista de esas monedas,
escritas con puño y letra del dueño.
Fin
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