5.)
El monedero incompleto
Había
una vez una abuelita que todas las noches dormía con el monedero bajo las
almohadas y durante todo el día la cargaba en el bolsillo izquierdo de su
pantalón o falda.
Tenía
una hamaca, en la cual descansaba durante el día y cuando se levantaba para ir
a la cocina, al dormitorio, al patio o al baño, siempre se le quedaba el
monedero en la hamaca. Al percatarse que no estaba en su bolsillo, regresaba
apresuradamente y, mirando hacia el piso en el trayecto hasta llegar a la
hamaca, a ver si lo encontraba en el camino, pero siempre lo hallaba en la
hamaca.
La
abuelita convivía con un nieto, una nieta, una de sus hijas y su hijo político
(yerno). A todos ellos, algún dinero se les perdía, menos a la abuelita, a tal
punto que siempre encontraba su monedero en la hamaca y cada vez con más dinero,
por arte de magia.
Hasta
que una tarde, siendo las 18:35, estaban todos en casa y la abuelita, quien
estaba en la hamaca, se va al baño y en el trayecto se le cae el monedero.
Cuando sale del baño, se da cuenta que no tiene en su bolsillo el monedero y se
dirige apresuradamente hacia la hamaca, confiada en que podría estar ahí, pero,
¡Oh Sorpresa!, ahora, por arte de
magia, se le desapareció el monedero.
La
abuelita se puso a buscar debajo de los muebles, sacudió tres y cuatro veces la
hamaca, por si se haya quedado enganchado, buscó bajo las camas, bajo el
ropero, dentro del tacho de basura del baño, por si ella misma lo haya tirado
por error, detrás de la cocina y refrigeradora, por si lo haya pateado sin
darse cuenta, encima del ropero, por si alguien se lo haya dejado ahí, pero
nada de nada, no lo encontró y casi se puso a llorar porque decía que uno de
sus hijos le había regalado 40 euros, más, lo que ella tenía ahorrado, sumando
cerca de 50 euros.
¿Acaso la abuelita iba a llorar, a sabiendas que no todo el dinero
que tenía en su monedero era suyo?
¿Acaso la abuelita quería justificar tal cantidad de dinero al
decir que uno de sus hijos le “había regalado” 40 euros?
¿Acaso la abuelita estaba arrepentida de lo mal que había hecho,
el cogerse el dinero de los demás, y que estaba “pagando” por ese mal proceder?
¿Acaso la abuelita quería llorar porque a lo mejor perdía todo lo
que tenía en su monedero?
La
respuesta la dará usted, amigo lector, al saber que al siguiente día, con la
claridad que nos ilumina el sol, nuevamente se pone a buscar y con escoba en
mano, a modo de limpieza, debajo del ropero encuentra el monedero pero
incompleto.
Fin

Respeto, honestidad y justicia son valores que debemos practicar para llevar una vida en armonía y paz.
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