Monedas de colección
Era
un señor, que desde joven, le gustaba coleccionar monedas y billetes de otros
países y del propio donde vivía.
En
el país sudamericano donde vivía llegó la dolarización por parte del Gobierno y
comenzó a coleccionar las monedas de 1, 5, 10, 25 y 50 centavos, de acuerdo al
año de emisión de cada moneda. Para eso, las colocaba en un álbum, el cual
estaba guardado en uno de los cajones, sin seguridad alguna, del escritorio
metálico, color gris.
Este
coleccionista sudamericano elaboró una lista de todas las monedas que tenía, de
acuerdo al año de expedición, y cuando le llegaba una que no tenía enseguida
consultaba la lista y las colocaba en otro bolsillo. Al llegar a casa las
guardaba en el álbum, hasta que un día se dio cuenta que el cajón, en donde
guardaba su álbum de colección de monedas, estaba semiabierto. Miró el álbum y
faltaban algunas monedas. Entonces preguntó a su familia, esto es: a su esposa
y a su hija si acaso ellas habrían cogido “prestado” algunas de las monedas del
álbum.
La
esposa dijo que ni sabía que había un álbum con monedas y su hija le dijo que
ella no había cogido nada. Pero en casa de esta pequeña familia sudamericana
también convivían con ellos un cuarto miembro: la abuela materna.
Pero
si dio el caso que la abuelita había salido a “visitar” a una de sus otras
hijas y se quedó tres días, sin dar lugar para que le pregunten nada, ni
enterarse de nada.
Fin

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